Jan Koch es un turista alemán recién llegado a la ciudad de Málaga que busca un restaurante donde comer el típico pescado malagueño. Se defiende hablando un poco de español y afirma que desde el Hotel el que se hospeda, justo en el centro histórico de Málaga, le han recomendado los restaurantes de playa de Pedregalejo.

Junto a él, está su familia que pasean maravillados por los diferentes espeteros de sardinas. Todos son fotografías de recuerdo que enseñaran en Hannover a sus amigos sobre la curiosa forma de hacer el pescado. Sin embargo, ellos señalan que están en la ciudad malagueña por casualidad, puesto que el hotel que habían reservado estaba completo y tuvieron que desviarlo a otro en la capital. Jan señala que ellos sólo conocían Marbella y Puerto Banús, pero que la ciudad le está sorprendiendo por la luz y por la amabilidad de la gente. En el paseo marítimo de El Palo también es posible encontrar a visitantes procedentes de Francia. Uno de ellos es Francois el cual lleva viniendo al barrio dos meses al año. Su historia con el barrio empezó hace diez años cuando este vecino francés se jubiló y decidió comprarse una casa en la ciudad donde nació Mercedes, su mujer. “Todos los años pasamos desde abril hasta octubre viviendo en El Palo hasta que el tiempo comienza a estropearse”, concreta Mercedes. Y es que a ellos este barrio les ha enamorado, para Francois fue curioso porque en su primera visita no sabía cómo podían hacer de comer sobre una barca de arena con unas sardinas clavadas a un pequeño palo de madera. Sin embargo, con los años ha entendido este francés-malagueño, como él mismo se define, que es esta curiosa forma de hacer las sardinas lo que caracteriza a su barrio de El Palo. Lo único que lamentan estos jubilados es la falta de mantenimiento de su paseo marítimo que conecta con su otro barrio, Pedregalejo, aunque tal como afirman comprenden que ahora es necesario otro tipo de ayudas a las familias del Distrito que lo están pasando mal.