María Antonia Martín Guerrero *

Monjas del Auxilio Social. 74 años después, se repiten estas imágenes.

Monjas del Auxilio Social. 74 años después, se repiten estas imágenes.

Finalizada la Guerra Civil, España quedó sumida en un lamentable estado de devastación  y gran parte de la población se hundió en la miseria haciendo muy difícil el vivir cotidiano. A duras penas muchas familias mantenían el sustento, prescindiendo incluso de alguna o varias  colaciones diarias. Los niños, “los grandes perdedores de la guerra  sobrevivían ejerciendo las más peregrinas profesiones, desde vendedores de tabaco picado (procedente de colillas) al estraperlo de pan blanco o el trasiego de patatas, alimentándose gracias al ‘Auxilio Social’ o haciendo colas en las puertas de los cuarteles esperando las sobras de los ranchos”, según Carlos Azcoytia.

Era esta la España de la posguerra (1939-1950), de la autarquía, el estraperlo, las cartillas de racionamiento, en la que madres, hermanas, hijas o esposas” Llegaron a confeccionar tortillas sin huevo, guisos sin carne, fritos sin aceite, dulces sin azúcar, café con trigo tostado; hicieron pucheros con huesos, cocidos sin semilla ni patatas, embutidos de pescado”, según el periodista malagueño, Claudio Grondona.

La falta de medios dio lugar a una economía de subsistencia agravada por la coyuntura internacional de la  segunda guerra mundial,( 1939-1945), a la que le sucedió un período de aislamiento por la condena internacional del régimen de Franco como aliado del Eje.

La falta de medios económicos obligaba a la ciudadanía española a remendar, reparar o arreglar todos aquellos enseres que les era imposible comprar y para ello existían una serie de oficios artesanales, algunos, ambulantes, que propiciaban las soluciones transitorias requeridas, así por ejemplo estaban los:

Afilador desarrollando su oficio.

Afilador desarrollando su oficio.

Afiladores: una rueda que se accionaba mediante un pedal  hacía girar una piedra de amolar y afilaban todo tipo de instrumentos cortantes, como, tijeras, cuchillos, hachas, etc. El toque de una flauta informaba a los vecinos que había llegado “el afilaoooo”. Tenían establecidos unos itinerarios y cada una o dos semanas pasaban por las barriadas. En la de Pedregalejo nos cuentan que la llegada de los mismos presagiaba “mal tiempo”, costumbres agoreras que algunos aún siguen recordando hoy día.

Silleros: con un haz de enea a sus espaldas y los útiles necesarios, rehacían los asientos de las sillas, desde Pedregalejo, pasando por el Palo hasta la Araña. Una amplia variedad de usos posibilitaba este oficio artesanal, las habían  bajas, para que las costureras pudieran realizar sus labores sobre las rodillas, para sentarse al resguardo del brasero de picón o para compartir conversación con los vecinos en las noches de estío, otras cubrían el patio del cine de verano, e incluso eran heredadas de madres a hijas.

Hojalateros: sentados en los bordillos de las aceras con sus hornillos y estaño,  recomponían y sellaban, cacillos, palanganas, jarros, o convertían las latas de leche condensada en unos magníficos jarritos para tomar café con la incorporación de una pequeña asa.

Carpinteros: arreglaban cómodas o cajones, encolaban las patas de los muebles que se rompían, hacían repisas o muebles de envergadura. Eran las carpinterías de barrio, como las de Soler, Arias o Miguel Cano, en Pedregalejo.

Hojalatero, experto en arreglo de cosas.

Hojalatero, experto en arreglo de cosas.

Arrieros: abastecían de frutas y verduras  todo el litoral del Distrito Este o cargaban a lomos de sus burros y mulos la retama de los montes para que ardieran y mantuvieran el calor los hornos de las panaderías malagueñas. Paraban y cogían fuerzas en la Casa de Comida de los hermanos Toro, en la calle Bolivia, donde hoy está Helados Lauri, a la que también acudían los pescadores del litoral.

La pesca, tanto en el Palo como en Pedregalejo, generaba otros oficios relacionados con la misma:

Cenachero: icono de la tradición malagueña,  que en su cenacho o espuerta de esparto llevaba el pescado fresco que pregonaba por las calles.

Sacar el copo: de madrugada un grupo de hombres, conocidos como marengos, recogían las redes tirando de ellas hacia la playa con la “tralla” prendida en la “beta”. Cuando la red estaba cerca del rompeolas, los marengos rodeaban la parte final de ésta y con gran destreza iban moviéndola hasta sacarla totalmente de la mar.

Sotarraje: reparación  y arreglo manual de las redes de pesca.  Del uso continuado y la acción de los delfines, se rompían o eran devoradas por estos mamíferos marinos cuando había pescado chico, así que existían personas dedicadas a su remiendo para una posterior utilización. Antonio el Sotarraje, era un conocido vecino de las playas de Pedregalejo, apodado según el oficio que desempeñaba.

Imagen de uno de los Cenacheros de Málaga.

Imagen de uno de los Cenacheros de Málaga.

Tintero: cerca del Arroyo Gálica, existía un Tintero que, como su nombre indica, servía para tintar las redes.  Eran blancas o negras, aunque para las faenas de  pesca se teñían de color marrón oscuro. Esta empresa familiar  proporcionaba trabajo a dos o tres personas y desapareció hace unos treinta años, porque según nos dicen “las redes ya venían preparadas”

Salazones: en el Palo habían tres industrias de conservas y salazones, pertenecientes a Juan Aranda, Ramón Aranda y Pepe Acosta, donde se preparaba el boquerón en vinagre, las anchoas y el pescado frito, allí mismo lo enlataban y vendían en el Norte y en la zona de Alicante, dando trabajo a un gran número de mujeres y niñas durante la pesca del boquerón.

Carpintería de rivera: sobre todo en las playas de Pedregalejo, los denominados “carpinteros de rivera” construían las barcas de jábega, el sardinal y la buceta.

Eran oficios vinculados a una economía de subsistencia, la pobreza y la miseria, producto de la Guerra Civil española, impedía la compra de útiles o enseres nuevos, avocando a la ciudadanía a mantenerlos y arreglarlos por falta de medios. Pero el crecimiento económico, a partir de los años 60, hizo que estos oficios artesanales quedaran como una actividad residual, permaneciendo en el tiempo casi por cuestiones nostálgicas vinculadas con el turismo.

Pescadores paleños sacando el copo.

Pescadores paleños sacando el copo.

María Antonia Martín Guerrero es presidenta de la Asociación Cultural Entremares *