María Antonia Martín*

La ciudad de Málaga comienza un importante desarrollo industrial a principios del siglo XIX hasta 1880, inicio de su declive. Industrias como la siderúrgica, textil o vitivinícola, fueron el mascarón de proa de este empuje productivo que a su vez impulsaba a su alrededor  una serie de empresas auxiliares como: fábricas de salazones, tejares, carpinterías, jabón y otras. Familias como los: Heredias, Larios, Loring, Gross, Saenz, Hueling y Crooke, se erigieron en los impulsores capitalistas de esta maquinaria industrial generadora de un desarrollo económico de gran envergadura.

Al calor de semejante impulso fabril se creó en 1854 el Banco de Málaga y una importante conexión ferroviaria entre Málaga y Córdoba. A partir de esta última ciudad la producción manufacturada malagueña se enviaba a los distintos puntos de la geografía nacional. El puerto era otra vía de traslado de estos productos hacia el resto del mundo, sobre todo, América y Europa. Otra consecuencia de esta significativa industrialización fue la aparición de una rica burguesía, que entre otras cosas, posibilitó el cambio de la fisonomía urbana de la ciudad de Málaga, prácticamente estancada hasta el siglo XIX.

La desamortización de Mendizábal en 1836, propició la compra de bienes eclesiásticos por esta nueva burguesía adinerada. Aunque hubo una parte de ella que por razones de índole religioso no quisieron acceder a este tipo de adquisiciones, si hubo otra que adoleció de trabas fervorosas adquiriendo muchos de estos inmuebles para levantar en su lugar edificios de nueva planta, abrir calles o plazas. Avanzando en el tiempo vemos como en 1860 se crean los barrios obreros del Bulto y Huelin para albergar a los trabajadores cerca de las fábricas. En pro de la mejora económica malagueña, se abre la calle del Marqués de Larios, entre 1880-1891, bajo la dirección del arquitecto Eduardo Strachan, que posibilitaba el traslado de productos provenientes desde la carretera de los Montes hacia el Puerto de Málaga con mayor rapidez.

Este cambio urbanístico fue paulatino y oxigenante, porque abría la ciudad más allá de su núcleo histórico, delimitado durante siglos por los restos de la muralla musulmana y el río Guadalmedina. Fábricas y bodegas se construyeron más allá de estas lindes, como la Constancia o las Bodegas Larios. Pero esta variación de trazado llevaba implícito la destrucción de un amplio patrimonio histórico-artístico, sin olvidarnos de la casi desaparición de la malla urbana musulmana, en beneficio del desarrollo industrial que estaba cambiando la planificación de Málaga.

El esplendor de Málaga Este

Palacio Villa Alegre, otro ejemplo del esplendor arquitectónico en El Limonar.

Palacio Villa Alegre, otro ejemplo del esplendor arquitectónico en El Limonar.

Hacia el Este, “la zona del camino de Vélez, constituía una barrera al crecimiento urbano al llegar el monte muy cerca del mar, pero se abrió un paseo y  crearon barrios residenciales de gran belleza y calidad: La Caleta, el Limonar y Miramar, con sus hermosas villas, sus jardines y sus paseos, llegando a ser conocidos y siendo asociados a Málaga como algo muy representativo de su urbanismo”.

La ampliación de la ciudad hacia el Levante dio lugar a una nueva zona donde se construyeron palacetes, también conocidos como “hoteles”, en los que tenían su segunda residencia muchas de las familias adineradas. Así surge el Limonar, que comenzó a tomar forma a finales del siglo XIX y comienzos del XX, convirtiéndose en una zona residencial de lujo en la que empezaron a construirse magníficas viviendas. Entre ellas destacamos:

Villa Suecia: Está situada en el Paseo del Limonar. Se trata del primer edificio modernista de raíz vienesa en la ciudad, del que destaca su cuidada decoración. Fue construido en 1904 según los planos del arquitecto Manuel Rivera Vera. La edificación original, según nos comenta el Colegio de Arquitectos de Málaga, “fue reformada para su habilitación como edificio de viviendas entre los años 1991 y 1994, respetando la fisonomía externa del edificio original sin alteraciones sustanciales. Al mismo tiempo en los terrenos de la citada finca también fue construido entre 1992 y 1993 un edificio de nueva planta para 4 viviendas y aparcamientos”.

Palacete de Villa Alegre: Edificada en 1904. Fue legada hace unos años a la Asociación contra el Cáncer tras el fallecimiento de su propietario y último inquilino, José Martín Lavigne, en reconocimiento a la magnífica labor que desde esta Asociación están llevando a cabo en su lucha contra esta enfermedad. Tras contactar con ellos para informarnos sobre el estado actual de la villa, nos dicen que en un primer momento se plantearon utilizarla como nueva sede institucional de esta asociación en Málaga, pero finalmente decidieron ponerla a la venta, situación en la que se encuentra hoy día. Además, para evitar el deterioro, propio de la antigüedad y falta de uso, se le han hecho una serie de arreglos.

Villa Fernanda, en El Limonar.

Villa Fernanda, en El Limonar.

Villa Fernanda: Su construcción es de 1926, obra del arquitecto municipal Daniel Rubio, con una superficie total de 1.365 metros cuadrados. Esta finca posee un jardín protegido con 172 árboles de 24 especies distintas y tres edificios de estilo regionalista con protección arquitectónica de primer nivel. Se libró licencia de construcción para la realización de dos edificios aledaños con 50 viviendas de lujo en 2008, pero una suspensión cautelar de Tribunal Superior de Justicia de Andalucía en 2009, propiciada por la presión ciudadana, paralizó el estudio urbanístico por el que se otorgó dicha licencia. Sentencia muy reciente de la Sala de lo Contenciosos Administrativo del TSJA, impide la construcción de viviendas en los terrenos de este palacete, aunque dicha sentencia aun no es definitiva, pues cabe la posibilidad de recurso.

Aún se siguen manteniendo en el Limonar algunas de estas villas o palacetes de finales del siglo XIX y principios del XX, unas deshabitadas y pendientes de su difícil venta y otras rehabilitadas y reutilizadas  respetando en lo esencial su fisonomía originaria. Según el Colegio de Arquitectos de Málaga “todas las intervenciones efectuadas han sido respetuosas con las edificaciones originales, excepto en aquellos casos que fueron sustituidas por bloques de viviendas, en épocas anteriores, cuando no existía protección arquitectónica en la zona”.

* María Antonia Martín es presidenta de la Asociación Cultural Entremares