María Antonia Martín*

Jábega de regata perteneciente a la Asociación Remo y Pala.

Jábega de regata de la Asociación Remo y Pala.

La actividad pesquera en Málaga y su provincia está íntimamente ligada a la presencia de fenicios, griegos y romanos, así lo demuestran los restos arqueológicos hallados en la costa malagueña o en la misma ciudad malacitana, como los encontrados en la calle Alcazabilla, junto al Teatro Romano, los hallados en los bajos del edificio del Rectorado de la Universidad, o en el Museo Carmen Thyssen-Bornemisza, que nos informan de la existencia de una industria del salazón y factorías para la elaboración del garum, salsa utilizada por la élite romana para la condimentación de algunos alimentos, teniendo al boquerón como la especie empleada en su preparación. Además, los fenicios también aportaron un tipo de barca apropiado para la pesca del litoral, la jábega.

La memoria histórica no es muy viva en Andalucía con relación a la mar, pero sí sabemos, por ejemplo, que ya en 1628, en las Playas de San Telmo, desde los Baños del Carmen hasta el arroyo de los Pilones, se construían y reparaban estas barcas, es lo que siempre se ha conocido como Carpintería de Ribera y en los siglos XVIII, XIX y XX, se sabe de la existencia de este tipo de carpintería  en la costa malagueña y por ende en las playas de Pedregalejo.

Imagen de Astilleros Nereo.

Imagen de Astilleros Nereo.

La pesca del boquerón y la sardina  daba ocupación a miles de personas en la elaboración de la anchoa y el salazón, sobre todo a mujeres y niñas, siendo la jábega la barca utilizada en dicha pesca. Pero a partir de 1826, con las construcciones de los Altos Hornos: La Constancia y más tarde El Ángel y La Concepción, se produce en Málaga una transformación económica que hace que pescadores, carpinteros y calafateadores abandonen sus oficios y se conviertan en obreros industriales trasladando  la anchoa y el salazón a una industria residual, sumergida y familiar que no encontraba mercado. Entre 1880-1900, se produce el cierre de los altos hornos, el hundimiento de la siderurgia malagueña y la desaparición de la industria textil (con el perjuicio para el comercio), que unido a otras desgracias como  la filoxera (1878), o el cólera (1885), tiene como resultado un importante movimiento migratorio hacia América de aquellas capas sociales que más se vieron afectadas por estas adversidades, entre las que se incluían personas vinculadas a la industria pesquera. A partir de 1884-1900, en una etapa de tantas calamidades, la industria de la jábega dió ocupación a más de 7000 familias, cuya situación social era de pobreza extrema.

Las jábegas y sus artes de pesca desaparecen de la costa malagueña en el siglo pasado, entre los años 1950 a 1960, atraídos sus trabajadores por el “boom de la construcción” por lo que suponía de mejora económica y llevándose con ello toda una tradición pesquera con evocadores recuerdos, como la figura del cenachero, pregonando por las mañanas “ Niña, que llevo  pescaíto fresco resién salío del copo”,  las barcas varadas en la arena de la playa o el mismo copo que los jabegotes sacaban de la mar a horas bien tempranas.

Taller de Julián Almoguera.

Taller, sin actividad, de Julián Almoguera.

A partir de los años 80 del siglo XX se produce una recuperación de la barca de jábega y la Carpintería de Ribera, pero ahora, dedicada a competiciones deportivas, como las regatas. Su forma y características externas no ha cambiado, es la misma que tradicionalmente surcaba la costa litoral malagueña pescando boquerones, sardinas, chanquetes o jureles y que a su vez es una copia exacta de las barcas fenicias, como lo demuestra el pecio fenicio Mazarrón II, encontrado en el fondo marino de esta localidad murciana y cuyas dimensiones coinciden casi totalmente con las jábegas de hoy en día.

Según Orden de 19 de febrero de 2008, la Junta de Andalucía,  resolvió inscribir la Carpintería de Ribera de las Playas de Pedregalejo, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como Bien de Catalogación General y actividad de interés etnológico, . En la actualidad son tres los Talleres que en esta zona construyen o reparan las Jábegas: el de Julián Almoguera, que al día de hoy no tiene actividad alguna, el de la Asociación Remo y Pala y Astilleros Nereo.

Actualmente las medidas de estas barcas son de: 8,5m de eslora, 2,20m de manga y un peso de 500 kg. Están elaboradas con maderas tropicales de baja densidad. Aunque con el paso del tiempo las piezas no han cambiado, actualmente, tienen menos manga y el volumen ha bajado para equipararlas a otro tipo de barcas de competición elaboradas con materiales menos pesados, comenta Jose Pedro González, carpintero de ribera y miembro de la Asociación Remo y Pala. El ojo y la serpiente de origen fenicio aún se mantienen, para conducirla, según la tradición, por el buen camino y espantar los malos espíritus.

José Pedro Gónzalez, carpintero de ribera y Juan Carlos Alcaide, ambos, miembros de la Asociación de Remo y Pala.

José Pedro Gónzalez, carpintero de ribera y Juan Carlos Alcaide, ambos, miembros de la Asociación de Remo y Pala.

Existe una Liga de Jábegas, organizada por la Asociación de Remo Tradicional (ART), que comienza a finales del mes de mayo y finaliza a mediados del mes de agosto, llevándose a cabo competiciones en casi toda la costa malagueña. La Liga se compone de un conjunto de regatas a celebrar en: la Carihuela, la Cala-Mijas, San Andrés, Fuéngirola, Puerto de Málaga, dos en Pedregalejo, la Cala del Moral, Rincón de la Victoria, Nerja, Caleta de Vélez, Candado, Benalmádena, Marbella y Manilva. La barca que gane una competición suma 15 puntos, la segunda 13… y al finalizar  ganará aquella que haya sumado más puntos.

Casi 2.700 años después de la presencia fenicia en Málaga, esta barca sigue manteniendo las mismas características, aunque la finalidad haya cambiado. La pesca ha dado paso a la regata, pero la jábega, seña de identidad de la tradición marinera malagueña, continúa soportando los envites del paso del tiempo sin apenas cambiar su forma originaria, porque como dice José Pedro González: “en esto hay mucho sentimiento, porque es lo nuestro y son nuestras tradiciones”.

* María Antonia Martín es Presidenta de la Asociación Cultural Entremares.